Hace poco hablaba con una gran amiga mía sobre las diversas opciones que podemos plantear para conseguir nuestra jornada de trabajo ideal.
Claro está que depende de la empresa, del puesto de trabajo, etc. Sí, pero todo se puede adaptar, me explicaré. Mi amiga trabaja en una multinacional y hace tareas que requieren su presencia en el puesto de trabajo, pero, otras, no…
Con este punto de partida, planteó a la Dirección General de la compañía hacer teletrabajo. El Director General aceptó. Estaría en casa lunes y martes y estaría en la oficina de miércoles a viernes, contando con su flexibilidad si se requería su presencia en días de teletrabajo. Ambas partes estuvieron de acuerdo.
Llegó el primer lunes y las ventajas fueron inmediatas: no hubo traslado a su oficina en Madrid desde su domicilio en un pueblo cercano (unos 80 km al día, ida y vuelta, unas 2,30-3 horas diarias con atascos incluidos), ahorro de tiempo y combustible; empezó a la hora en punto y descubrió otra gran ventaja, no había interrupciones de compañeros, que si bien son muy agradables y apetecibles, al tener ritmo propio provocan innumerables idas y venidas de temas diversos y favorecen la dispersión…, la concentración en casa era inmejorable.
Con el paso de los días fue descubriendo todo tipo de ventajas: su presencia en casa hacía que la vida familiar fuera más intensa, eso sí, tuvo que llegar a acuerdos con el resto de la familia acerca de que su presencia no implicaba disponibilidad para todo, ya que estaba trabajando, pero sí vínculo a la hora de la comida, a la hora de la llegada de los niños del colegio, …
Con pequeños cambios en los hábitos y muchas ganas de hacer de su productividad el objetivo de su teletrabajo, fue acomodándose a la nueva situación para descubrir lo mejor de los dos mundos.
Como seguía yendo a la oficina, no perdía el contacto con sus compañeros y, casualmente, valoraba mucho más el contacto con ellos y su compañía.
Con la llegada del verano y teniendo en cuenta que se levantaba siempre a la misma hora que si se trasladara a la oficina, con lo que ganaba alrededor de 3 horas diarias, podía hacer paseos tempraneros a una temperatura muy agradable, a la vez que compaginaba horas de lectura, tareas domésticas que aliviaban el resto de la jornada, algo de deporte y algo muy importante, trabajar en lo que era el sueño de su vida: escribir, escribir un libro, no sabía todavía sobre qué, pero sabía que quería escribir…
Y poco a poco mi amiga fue sumando ventajas a su nueva situación, aprovechando las actividades alternativas que se abrían ante sus ojos (como hacer la compra por internet y estar en casa cuando se la llevaban, tarea inconcebiblemente difícil en la situación anterior) ,y sobre todo, dando gracias continuamente por su gran suerte y por poder disfrutar de ese tiempo providencialmente liberado.
Podemos añadir una larga lista de ventajas y, si se quiere, de desventajas a esta fórmula laboral, pero lo que realmente puede hacerla atractiva a los ojos de muchos profesionales (y es aquí donde quisiera hacer especial hincapié) es en el hecho de mejorar la calidad de sus horas trabajadas y el empleo de las horas libres para potenciar la creatividad y el enriquecimiento personal.
Quizá en otro artículo, podamos comentar las indudables ventajas que el teletrabajo aporta también a la empresa…
Gracias por leerme.
Ana Méndez
8 de Julio de 2008
Claro está que depende de la empresa, del puesto de trabajo, etc. Sí, pero todo se puede adaptar, me explicaré. Mi amiga trabaja en una multinacional y hace tareas que requieren su presencia en el puesto de trabajo, pero, otras, no…
Con este punto de partida, planteó a la Dirección General de la compañía hacer teletrabajo. El Director General aceptó. Estaría en casa lunes y martes y estaría en la oficina de miércoles a viernes, contando con su flexibilidad si se requería su presencia en días de teletrabajo. Ambas partes estuvieron de acuerdo.
Llegó el primer lunes y las ventajas fueron inmediatas: no hubo traslado a su oficina en Madrid desde su domicilio en un pueblo cercano (unos 80 km al día, ida y vuelta, unas 2,30-3 horas diarias con atascos incluidos), ahorro de tiempo y combustible; empezó a la hora en punto y descubrió otra gran ventaja, no había interrupciones de compañeros, que si bien son muy agradables y apetecibles, al tener ritmo propio provocan innumerables idas y venidas de temas diversos y favorecen la dispersión…, la concentración en casa era inmejorable.
Con el paso de los días fue descubriendo todo tipo de ventajas: su presencia en casa hacía que la vida familiar fuera más intensa, eso sí, tuvo que llegar a acuerdos con el resto de la familia acerca de que su presencia no implicaba disponibilidad para todo, ya que estaba trabajando, pero sí vínculo a la hora de la comida, a la hora de la llegada de los niños del colegio, …
Con pequeños cambios en los hábitos y muchas ganas de hacer de su productividad el objetivo de su teletrabajo, fue acomodándose a la nueva situación para descubrir lo mejor de los dos mundos.
Como seguía yendo a la oficina, no perdía el contacto con sus compañeros y, casualmente, valoraba mucho más el contacto con ellos y su compañía.
Con la llegada del verano y teniendo en cuenta que se levantaba siempre a la misma hora que si se trasladara a la oficina, con lo que ganaba alrededor de 3 horas diarias, podía hacer paseos tempraneros a una temperatura muy agradable, a la vez que compaginaba horas de lectura, tareas domésticas que aliviaban el resto de la jornada, algo de deporte y algo muy importante, trabajar en lo que era el sueño de su vida: escribir, escribir un libro, no sabía todavía sobre qué, pero sabía que quería escribir…
Y poco a poco mi amiga fue sumando ventajas a su nueva situación, aprovechando las actividades alternativas que se abrían ante sus ojos (como hacer la compra por internet y estar en casa cuando se la llevaban, tarea inconcebiblemente difícil en la situación anterior) ,y sobre todo, dando gracias continuamente por su gran suerte y por poder disfrutar de ese tiempo providencialmente liberado.
Podemos añadir una larga lista de ventajas y, si se quiere, de desventajas a esta fórmula laboral, pero lo que realmente puede hacerla atractiva a los ojos de muchos profesionales (y es aquí donde quisiera hacer especial hincapié) es en el hecho de mejorar la calidad de sus horas trabajadas y el empleo de las horas libres para potenciar la creatividad y el enriquecimiento personal.
Quizá en otro artículo, podamos comentar las indudables ventajas que el teletrabajo aporta también a la empresa…
Gracias por leerme.
Ana Méndez
8 de Julio de 2008

2 comentarios:
Tienes toda la razón, trabajamos para vivir y no al reves como a veces parece, nos metemos en la voragine del dia a dia sin pararnos a pensar, no hay tiempo, solo para seguir adelante y mientras no estamos perdiendo esto que tu amiga va recuperando dia a dia.
Saludos y hasta pronto
Lourdes
Vivir de forma alegre, apasionada, agradecida, supone disponer de nuestro tiempo para trabajar (a ser posible en lo que nos gusta), estar con nuestra pareja e hijos, la familia, disfrutar de nuestras aficiones, cuidar nuestra salud haciendo alguna actividad física...
Vivir de forma feliz a mi se me parece como esos cuadros tipo Naif en la que las figuras y formas van apareciendo a base de dar pinceladas de color. Asi la felicidad va tomando forma a base de actividades orientadas de forma armónica. Un exceso de trabajo deviene en cansancio, estres, desequilibrio en la vida persona.
¿Dispones, todos los dias, de tiempo para disfrutar, relajarte, hacer alguna actividad gratificante?
¿Eres consciente de como distribuyes tu tiempo libre?
Rosa Coach
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