La excelencia en la gestión directiva: la transformación de una Directiva en una Líder
Las circunstancias actuales que rodean el entorno laboral nos piden a gritos una adaptación de los estilos de dirección. Existen numerosas herramientas que utilizadas con habilidad permiten desarrollar una sensibilidad especial para detectar nuevas necesidades. Solo tenemos que detenernos un momento y mirar a nuestro alrededor…
Y vemos, por un lado, que la época de la gestión directiva basada en el conocimiento técnico ya ha quedado atrás, hace falta algo más, algo que aporte realmente valor a nuestros colaboradores en el desempeño diario de su trabajo.
Por otro lado, también podemos observar que para conseguir tener motivados e ilusionados los equipos de personas y poder obtener un alto rendimiento de ellas, no es suficiente con decirles lo que tiene que hacer o los objetivos que han cumplir. Ni siquiera nos sirve con comunicarles la estrategia o la situación actual de la empresa en el intento de recoger una mayor proactividad por su parte.
¿Donde debe estar esta transformación? El liderazgo en la dirección se diferencia de la dirección tradicional en tener la capacidad de generar y obtener el mejor resultado de las personas que nos rodean, en la capacidad de influir en ellas de una manera positiva. Los equipos de trabajo se asemejan a un motor o a un puzzle, se componen de muchas piezas de distintas formas y colores. Cada una de ellas aporta un valor y para poder construir el puzzle o el motor hay saber poner las piezas en la posición adecuada. El puzzle se queda hecho y no produce nada más. Pero motor se pone a funcionar y puede ser utilizado por cualquier persona que sepa manejarlo. Se trata pues de construir un motor, no solo un puzzle.
En las empresas en España, la línea de mandos intermedios no dispone siempre de tiempo para la formación, ni siquiera existen programas adecuados que fomenten o se adapten a los requerimientos de este colectivo y que permita un avance en sus capacidades. Y, sin embargo, una de las responsabilidades de una buena directiva es conseguir un mayor rendimiento de sus equipos de trabajo. ¿Y como vamos a conseguir, además, transformarlos a su vez en buenos directivos de sus equipos?
Para empezar, hoy, los directivos en general o responsables de la gestión de profesionales, deberían sentirse obligados a dedicar mayores esfuerzos en realizar una gestión de dirección más adaptada a los capacidades personales de cada uno de sus colaboradores, combinando los valores técnicos con las no técnicos.
Sí, es verdad que requiere un esfuerzo adicional en tiempo, pero en mi opinión, no es tan complicado. Empieza mañana mismo por entender a tu gente, quienes son y que necesitan. Se capaz de identificar sus capacidades y sus debilidades y utiliza tu experiencia en saber orientar los mensajes y las instrucciones que les das, la forma de expresarlos según quién te esté escuchando en cada momento.
Continua por revisar tus niveles de exigencia en el trabajo, naturalmente que éstos deber ser altos, pero en primer lugar con uno mismo. Identifica elementos básicos en tus actuaciones diarias que transmitan confianza y generen una complicidad en el terreno profesional, porque acabarán transformándose en una mayor vinculación y compromiso por parte de tu colaborador. No te olvides de aspectos concretos, tales como asumir los compromisos adquiridos, respetar los tiempos, construir pequeños retos fáciles de lograr, tolerar los errores y presentarlos como propios de cara al exterior, etc.
Por ultimo, no podemos descuidar nuestra imagen en su conjunto. Tanto la imagen de nuestras actitudes y aptitudes como la buena presencia física son las más representativas para muchas personas que no tienen más acceso a conocernos en profundidad. Aunque los estilos pueden ser muy diferentes, debemos de cuidar una imagen que sea capaz de transmitir energía positiva a los demás. Muchas veces es suficiente con cuidar los detalles que responden a las emociones que cada momento necesita, una simple sonrisa que transmita alegría en un día desapacible, una palabra de agradecimiento en una situación de tensión, salvar un minuto para escuchar un problema de salud, pedir consejo sobre algo sencillo, que se yo…hay tantas pequeñas cosas que tiene tanto poder oculto…
¿No crees, que tu misma, con tu propio estilo, podrías construir una larga lista?
Silvia Lara
Adjunta a D.Gral. CESDE
16.08.09
Y vemos, por un lado, que la época de la gestión directiva basada en el conocimiento técnico ya ha quedado atrás, hace falta algo más, algo que aporte realmente valor a nuestros colaboradores en el desempeño diario de su trabajo.
Por otro lado, también podemos observar que para conseguir tener motivados e ilusionados los equipos de personas y poder obtener un alto rendimiento de ellas, no es suficiente con decirles lo que tiene que hacer o los objetivos que han cumplir. Ni siquiera nos sirve con comunicarles la estrategia o la situación actual de la empresa en el intento de recoger una mayor proactividad por su parte.
¿Donde debe estar esta transformación? El liderazgo en la dirección se diferencia de la dirección tradicional en tener la capacidad de generar y obtener el mejor resultado de las personas que nos rodean, en la capacidad de influir en ellas de una manera positiva. Los equipos de trabajo se asemejan a un motor o a un puzzle, se componen de muchas piezas de distintas formas y colores. Cada una de ellas aporta un valor y para poder construir el puzzle o el motor hay saber poner las piezas en la posición adecuada. El puzzle se queda hecho y no produce nada más. Pero motor se pone a funcionar y puede ser utilizado por cualquier persona que sepa manejarlo. Se trata pues de construir un motor, no solo un puzzle.
En las empresas en España, la línea de mandos intermedios no dispone siempre de tiempo para la formación, ni siquiera existen programas adecuados que fomenten o se adapten a los requerimientos de este colectivo y que permita un avance en sus capacidades. Y, sin embargo, una de las responsabilidades de una buena directiva es conseguir un mayor rendimiento de sus equipos de trabajo. ¿Y como vamos a conseguir, además, transformarlos a su vez en buenos directivos de sus equipos?
Para empezar, hoy, los directivos en general o responsables de la gestión de profesionales, deberían sentirse obligados a dedicar mayores esfuerzos en realizar una gestión de dirección más adaptada a los capacidades personales de cada uno de sus colaboradores, combinando los valores técnicos con las no técnicos.
Sí, es verdad que requiere un esfuerzo adicional en tiempo, pero en mi opinión, no es tan complicado. Empieza mañana mismo por entender a tu gente, quienes son y que necesitan. Se capaz de identificar sus capacidades y sus debilidades y utiliza tu experiencia en saber orientar los mensajes y las instrucciones que les das, la forma de expresarlos según quién te esté escuchando en cada momento.
Continua por revisar tus niveles de exigencia en el trabajo, naturalmente que éstos deber ser altos, pero en primer lugar con uno mismo. Identifica elementos básicos en tus actuaciones diarias que transmitan confianza y generen una complicidad en el terreno profesional, porque acabarán transformándose en una mayor vinculación y compromiso por parte de tu colaborador. No te olvides de aspectos concretos, tales como asumir los compromisos adquiridos, respetar los tiempos, construir pequeños retos fáciles de lograr, tolerar los errores y presentarlos como propios de cara al exterior, etc.
Por ultimo, no podemos descuidar nuestra imagen en su conjunto. Tanto la imagen de nuestras actitudes y aptitudes como la buena presencia física son las más representativas para muchas personas que no tienen más acceso a conocernos en profundidad. Aunque los estilos pueden ser muy diferentes, debemos de cuidar una imagen que sea capaz de transmitir energía positiva a los demás. Muchas veces es suficiente con cuidar los detalles que responden a las emociones que cada momento necesita, una simple sonrisa que transmita alegría en un día desapacible, una palabra de agradecimiento en una situación de tensión, salvar un minuto para escuchar un problema de salud, pedir consejo sobre algo sencillo, que se yo…hay tantas pequeñas cosas que tiene tanto poder oculto…
¿No crees, que tu misma, con tu propio estilo, podrías construir una larga lista?
Silvia Lara
Adjunta a D.Gral. CESDE
16.08.09
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